miércoles, 26 de diciembre de 2007

Volea al bajo vientre, el céfiro
vuela en su juego atroz, cercando límites.
Su vuelo me saluda,
hombre a la fuerza, delirio por soñar
inacabado crimen, todo grito.
Y vuelvo a recordar mi fiebre;
soñé tu mano en no
que el sol dorando el cabo me confirma.
Al agrio goce
las lágrimas añaden mi renuncia al sueño.
Sed a la sed,
la gota al agua,
agua que vierte en sed
a lluvia.
Es el mar.
Doblo el brusco silencio.
En la boca, el caos
se me deshace.
Acaba el juego,
el azar recoge;
como a naipes en la mesa
el albur
nos barre.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Ni el aire era tan nuestro.-

Qué certeza nos queda del abrigo,
del sol contra los barcos, del regazo
tan frío ya de madre,
la hermandad con el mar, los belfos en mi perro.

Qué de cierto, bajo el barro
tomado de los labios,
del olor de la tierra, si el frío de las cumbres
se trepa ya a mis huesos,
desatando el planto poderoso
que vigila, desde la cruz al alba,
el gálibo fatal de mi infortunio.

Que es pájaro heridor, y que me barre
con su plomo las lamas de metal,
y me apartó de la edad de los jarabes,
del cuento y de la lámpara, la grama y el cordero.

Es tarde. Ya no queda
casi pecho a recibir con los disparos.
Ayer mismo firmé, con la sangre que apuntaban mis deberes,
un límite finito a tanta luz absurda.

El sol, funesto y sucesivo,
va borrando las sendas.

Hasta el viento me engañó:
prosigue en fuga.

sábado, 24 de noviembre de 2007

En un tiempo hoy de piedra.-

En un tiempo hoy de piedra
pintamos a la muerte sus párpados cerrados
y el violín lo era todo.

Así se habrá quedado en pelo el aire.
Así el volar sereno de los pájaros.

Que se volaron en franco guirigay.
Que su esperanza de soplo era la puja.

De sus plumas se siente aquel rasgar helado:
qué no habrán firmado los pájaros agüeros
por sentenciarme en el dolor rotundo.

La cena me ha tomado hablando por la espalda
tirando aún del bozo de aquella miga antigua.

Aquí la cicatriz.
Así la llave.

Es este el día sin peso
en que la muerte en esperar se aturde.

Mientras oigo aquel pío de pájaro de forja
clamando sentencioso que estamos ya en el tiempo
de abrir el cielo a todos.

Mientras limpio la sangre del grave monumento
y piso la uva grande que tengo en el lagar
a sorbos con el aire, a guiños con la suerte,
a suertes con el pan...

sábado, 10 de noviembre de 2007

lunes, 29 de octubre de 2007

Ha sido.-

Porque al limón le sienta el amarillo
pusiste mis pecados por sombrero.

Viene la sed a mí, tientan la cita
las lluvias sobre el mar, es hoy domingo.

Flores de novia, brida a mi noche antigua,
briznas de luz a mi talón de ciego.

Desvístete, corriendo, date prisa,
que el corvo alfanje está cortando ya
la brisa que nos barre en su ternura.

Tumbé al alfange, ved; junto a la vaina.
Mirad como boquea, el desdichado.

Orla el desdén, lavado ya, en mi brazo
la muerte por adorno bien que cuelga.

Y dejo el campo, calado de derrota
y a báculo de Dios, efímero imposible
aquel afán que fui. Ya no me importa.

lunes, 22 de octubre de 2007


Paloma.-

Paloma
ámbito de las alas
volar sin dueño.

La luna
contra el charol del patio
vierte veneno.

Es por la rosa
en cuyo envés quedara yo dormido.

Es esa rosa,
aquella paz de espinas
con la que sueño.

domingo, 14 de octubre de 2007

Lápiz.-

Cena
vaso de cuero
dos nubes
un solo camastro
el cuenco.
un gorrión sordo bate
alguna que otra vez contra el cristal.

la vida
el vino
la barbarie

han estado siempre
fuera.

domingo, 7 de octubre de 2007

A filo.-

Llevo el peso de mi tigre abrochado a la noche
matarife inocente recortándome el vino
que amable me devora amadas luminarias
poblándome en sus dientes nacarados
el oscuro.
Es su calma, digo,
el tigre
todo el barro violento
de la paz nueva que clama en advertencia,
sangre sobre la nieve,
luz gacha.

Así, en la noche,
me siento de sus fauces inmersas de animal
y baldeo mi pánico con cantos melodiosos
quedando, de esa burla, contándome la boca,
borracho de su número, agitado, tranquilo.
Con ello, confío haber logrado
en aquellos momentos robados a la piel
anaquelar el brillo, capturar los afeites,
los giros de justicia de los que el caos se nutre.

Miradlo. Ya me ruge. Hoy toca hacer llanura
de nuevo está esa boca en boca de mis faldas
nacarando la senda que trazan sus colmillos.

El tigre
tiene la noche hoy lejos
por poner mi boca en cruz
el alba en amenaza.

Doblo mi cordobán, y espero
al cazador, al vino
violento de la noche, a la música
opaca de mis balas.

Esta noche ha de llover
a filo.




A Jose Luís J. Villena, in memoriam.-

domingo, 23 de septiembre de 2007

Llevo.-

Llevo un sol de perros ladrando por la piel
como pájaro sin nido estibado la bronca
al carón de su banco me curvo en los testículos,
y escardo en mi aleluya, decidido a morderte.

Mis días son al grito lo que la finta al pájaro
minerales en verde, esperanzados todos,
que me brindan un ritmo de palo y zanahoria
dando su luz al ser, a pábilo, en vela
de muerto recién frío, de muerto que ha mirado,
con gesto decidido el fin de su capítulo.

Esperaba ser paciente de muchas amistades
o de una o dos ciertas, pero no hubo fortuna
tal vez fueran las causas las nubes en mi trapo
o el pez que se dispuso al viento por convite.

Así que vago al aire, rotundamente solo
por los hermosos claros que gravan mi destino
consumándome en blanco para quemar las sombras,
poniendo mi buen trigo en cruz contra tu perro,
y en el frío de los bancos, en el del sol, el de los pájaros...

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Mi turno.-

Y cómo de la vida,a tajo,
sacó al rejo del barro mi terrón de invierno
para ponerme en los brazos de mis gafas, por robar
en el saco de la luz, buena simiente
buscando en desespero los rebaños de palabras escogidas
que lleguen a cobijo.

Y es que me ahoga aquello de que antes,
nada, y después, si hay más, será agonía,
y por ello me agarro, así, en pelo, y sí, desesperando,
al filo de la piel
al brillo de la garra y la belleza,
semejante a aquel ahogado
que contemplara su fuga en la burbuja
en un desmesurado afán del todo inútil.
Así, al pairo en esta rabia
dibujo contra el plomo mis cáscaras azules,
y barro con deleite las páginas del banco,
esperando quizá que, tras esta larga vela,
vuelvan a mí el viento, el amor, la ofensa, la cólera o el frío
en el ojo calado de aquel que me leyere.
Y una, y otra vez, así será, y en él, el desdichado
podré cobrarme al cabo
piezas robadas del saco de la muerte.
Y harán vibrar otro cristal éstas mis notas
las que me lega hoy este bronco,
este áspero vacío pleno de alas
que resulta, del vano en la ventana,
la gloria en pleno del turno de la vida.

viernes, 31 de agosto de 2007

jueves, 7 de junio de 2007

Se acerca.-

Van a echarme de menos los perros y la tarde
los domingos conmigo a los que hice compañía
el olor del café y el pan recién tostado
y este mar oscuro que veló, en secreto,
las armas de mi angustia.

Que al paso se me acerca la blanca, tempranera,
con gana de jugar la jara con mis huesos
alzando del polvo de la muerte
la viola de su frío.

Si al menos confiara haber logrado
en el helado cuajar de este convite
un batallar hermoso, un buen caudal
que remarque, en los muros de mi celda
las lágrimas del paso.

Y a tal espero,
escuchando la voz de esta la blanca, que me advierte
que el reloj está dándose prisa
-minuto en vano al tac
y gota al son del tic en la clepsidra-
que va a lograr el cierre de mi llaga
transladándome a otro campo, donde me tiene dicho
habré de contemplar su cuajo de galopes
abeja en sus colmenas, hasta enfermar de palmas.

Aparte, la blanca marrullera
me viene prometiendo
que va a poner, dosel al páramo,
este menudo de líneas esparcidas,
por que sean hierba
alta, verde, serena,
que recubra, en sonora flor de luz,
la paz de mi sepulcro.

martes, 22 de mayo de 2007

A bosque ha de salir la cuenta.-

A bosque ha de salir la cuenta
de mis brazos
tantos como han sido los soles que de fuego a fuego
hube de ir talando,
y tan de cerca la fuente, y tan de cerca el agua
del regato.
Sabe, niña,
que a la sombra del álamo, a su brisa en arrullo,
he clavado el recuerdo de aquellas tardes,
en el justo sitio donde
no estuvimos
en verdad
nunca.
Allí tu mano
blanca,
me busca
madeja en el leñero
greña
humo en el palo
lana
y barallar de gatos
de carne en caza, y ese flotar la pena, ese desdén
de tarde pálida
y sin cita...

Al fin
soy ese hombre que se quedó
buscando,
soy ese ahogado terco del vino de tu vino
acuartelado el rostro al sol más rojo
a tu cielo más blanco,
y para la sed
he de beber
tu vino en barro,
andando a sangre
por este campo de rosas amputadas
de margaritas de no
de fiestas de labor
y sin domingo...

..te fuiste
y no me libre dios nunca jamás del peso
y amontone a mis lomos hierro sobre hierro
y sobre el hierro,
hierro,
al pecho
y sobre la piedra,
piedra
y sea esta la forma de tenerte
y a la frente el golpe
presente
sabiéndote de sobra
-casi olvidado
amor-
peor que muerta
cortado labio para mi hambre de alas
que me alimento
de la puerta cerrada
mar de cristal contra el que al fin se rompa
el dintel que me sostiene
de blanda roca
tuya.

Y así
sobre el mantel de hierba
corra un agua
de descanso
y finalmente
el albo sueño
tu mano blanca sobre mi mano blanca
entre mis brazos
mía
tierra caliente
tierra
de la nuestra
y al abrigo el regato
trabe su fresco son
y que nos cubra.

viernes, 4 de mayo de 2007

Ayer.-

El día fatal
quedó abierta la reja;
pinta el aire desde entonces
una siniestra libertad de abismo.

Me habré quedado hambriento de más jaula,
oscura desazón
sin pecho al que aferrarse.

Que resultó mi vida el celo,
la tensa guardia
por ver, surgiendo de la tierra,
su mano aún no sepulta.

Y sí, diréis que no es de buen juicio
el esperar que la nada vivifique
a quien en verdad jamás ha muerto.

Pero dejadme a solas:
La paz del lodo
parece hoy

grávida.

viernes, 13 de abril de 2007

Lo fatal.-

A trapo, a pie desnudo
cruzo, de polvo de cristal, la playa
surcando en perra soledad mares atroces
mientras arrastro este cordal tenido a palos,
tenido a hielo, a lluvia
al bárbaro calor de sal en las heridas.
Por tal motivo
habréis de perdonarme el fatal atrevimiento
si vuelvo el gesto al saco
transladando al Gólgota del aire
mi portante.
Será que trate
de llevarme al juego mi severa piel lozana,
y de vestir de niña la polvorienta muerte.
Así, jamás olvide
que cuando nos pudramos, y ya sin sol, y abierto ya el candado
habrá quien se interese
en recobrar los pedazos de todos los espejos.
Es tiempo. Viento al trapo. Viento, viento.
Que su volado cetro rija
el azar indiferente.
Y que novia la belleza, la muerta
única,
con su velado traje, confíe en ser cantada,
y nos espere.

viernes, 30 de marzo de 2007

viernes, 23 de marzo de 2007

Esperanza.-

"Y, sin embargo, estabas para el amor formada"
F.G.Lorca, ELEGÍA A DOÑA JUANA LA LOCA.




Va a ser cosa de ir utilizando
día por día el verano del abrigo
con el cesto rotundo de la nieve
blanco de frio dorándome las lunas.

Y es que fuera que ya se me ha olvidado
la suerte que es la vida
tantos años pasados en barbecho
a varado navío, en flor de piedra.

Era evidente, la existencia no iba a ser tan fácil
como quiso mi muerte en el origen
condenado a vivir solo, a cuerda de ir callado,
tan de largo mi día, a lomo y cruces
y sin hablar conmigo.

Al cabo
tan sólo el frío extendió su mano buena
si me habré calzado de amor entre el dosel
cercado en pardo viento
y el tonto paje que montan mis costillas.

Mas, ay, quizá quede sabor
quizá se vuelva el agua
y aquella seda en rosca de la muerte
no aquilate quitarnos el abrigo.

martes, 20 de marzo de 2007

Ítaca.-

Yo trato con aquello que da vida a los signos
valedor de la bruma, loco del perro, escriba,
limando entre las piedras hasta buscar la forma,
para lograr en nieve un sueño
que no cuaje.

Os hablo de este Ulises
venido de una lívida Ítaca de polvo,
notador de todos los asuntos,
maldito si no bebe, y si borracho en gracia.

Y así el día me dure, mientras aguanto turno
mientras me asiste esta mi alma mortal y delicada
en añadirle madera al barandal
-trabajo al carpintero-
que nos distrae de la febril certeza
del vacío.

(Allende en casa
penélopes de piedra
van hilando mi rabia)

viernes, 16 de marzo de 2007

domingo, 11 de marzo de 2007

A Nacho Otero (en la publicación de su libro “Perdidos en la batalla”)

Vuelven hoy los recuerdos, de tu mano. Vuelven
a cercén, a hueso, a carne de los labios,
no ceja en su razón el eco, diente de hacha
tan mordedora como de costumbre...
¡y qué de blancos, al sol, se gritan nuestros muertos
por plaza de cenar, pidiendo sitio!

Y que fue por tu visita de amigo no olvidado...
fue el juego de tu trasgo no muerto no hace mucho...

Démonos prisa, Ignacio, apuntálate al velo
hilvana del costal del hielo nuestros hilos
y desata desayunos en Víctor de la Serna
y las frescas mañanas de tórrido verano
con bocabajo de copas, con las mesas y el barro
en fuga y a volandas.

Nacho. Mi vida, al final, no fue contigo, Nacho.
Y qué de brava se me pinta tu ausencia en el café,
que me encrespa
mi bol de desayuno
¡rauda, veloz, fatal, no demoró la muerte
para ponernos sitio!

Por ello hoy y aquí tiro de línea
como suele decirse
y sueño con que el sueño nos reúna
del acre en letras la marra soledad:
fla tuya fija al blanco
la mía en hundimiento.

Así, mientras la terca se distrae
perdida en su batalla
con lazos de señuelo, con armas de jugar, a mano abierta,
coseremos nuestras velas de contar
y pare el galgo, y de alguna forma extraña
se rasgue en nuestro lado del páramo el cristal
y el viento, que se me vuelve siempre de vacío
se apiade de nos, y nos allegue...

Tù.-

Bajaste del jardín, abierto pájaro,
derramando una lluvia de cremas a los gritos
y mis plumas de volar, al punto,
colgaron de tu boca
como acordes que asistieran
a tu suelta en mi pecho.

Grávida maestra, has sido desde entonces
el mantra repetido

aquella sacia tuya me llevó a revuelo.
Bendito el día

en que escuché el rumor de tus pasos acercándose
pues aquel rumor habría de quedarse

-guardesa de razón entre mi infierno-
asistiendo, en gracia,

a nuestra pira de limones encendidos.

Así, deseo
que la gloriosa suerte se mantenga,

y que bien corra tu abeja entre mi vuelo
porque pueda poner en alas
de aquella miel tan tuya
que ha ido dejando, sobre el fondo sombrío de mi saco

tu dibujo sabio de labios y locura.

Paisaje.-

Enclavado en mi hálito de vida
voy de camino por la cuesta abajo
ignorando el dolor de ese badajo
que dará la tonada de partida.

Disfrutador del sol, nada lo impida
¡ventanillas abiertas cuando viajo!
arrojé las cortinas al atajo
para ver el rugir de la crecida.

Y si hubo un tiempo en el que en dios creía
es láudano que exije vasallaje:
a una ninfa encomendé mi guía.

Mientras traza la línea el carruaje
saboreo el azúcar de su fruta
en mi dicha hogareña de salvaje.

sábado, 3 de marzo de 2007

El hallazgo del párrafo.

Magnífico ejemplar de una raza apta para la vida guerrera y montés de las épocas feudales, se consumía miserablemente en el vil ocio de los pueblos, donde el que nada produce nada enseña ni nada aprende, de nada sirve ni nada hace.

Emilia Pardo Bazán, Los Pazos de Ulloa.




Como en este momento (ejem...) no estoy leyendo ningún libro, tomo prestado el de la página 123 de la actual lectura de mi mujer, la sin par Loli. El párrafo quizá se comente a sí mismo...

jueves, 1 de marzo de 2007

Rosa de Tangencias.-

A veces no me sirven los azules del verano
y no llegan de recibo la canícula y los perros,
son días raros, espasmos de este trote
que me trago sin sed, como un jarabe.

En esa tesitura, acodándome en las lágrimas,
escribo como alguien que derrite razones;
velado por el sol, devoro en pena
las claras de esta vida.

La causa habrá de ser,
supongo,
aquel eterno y pesado lazarillo
que recrimina a dios su servidumbre.
Y al que yo ayudo, claro es, pues visto de conciencia,
a cóncava vacía, clava en mano.

Así que usted no se moleste, entonces,
por la razón sencilla de que el verso no está claro
y me suelte al barro los soles y la tarde.

Pues no habrá de serle larga hora:
la causa probablemente estribe
en que nuestro viejo mundo conocido, grave enfermo,
esté por darse al cabo.

sábado, 24 de febrero de 2007

jueves, 22 de febrero de 2007

A las viudas del mar.-

Agua,
sangre clara de nieve
bajaste por el párpado sombrío de las lomas
cantarina, saltando,
hasta dar con agua grande.
Allí, tras darte en sal
subiste hasta su barco
y encontraste esa rosa entre los leños
abierta por los gajes
y entrando a fondo
y a flor del sesgo, manando, a la callada,
regaste para hierro
hasta tapar con tu mano aquellos labios
que hubieran todavía reído
tanto,
hasta hacerme besar,
mala bendita
aquel rostro querido
dado definitivamente
a blanco.
De entonces
tantas, tantas veces
hermana, juntas regamos
tú en serena lluvia, yo, en mis lágrimas
la suave piedra blanca
con la que ahora le evito la vergüenza
de escucharme llorar, ya envejecida
y de que vea, leño blanco de la rosa,
del dedo de la muerte
la cala.

viernes, 16 de febrero de 2007

A mástil.-

He de hacer algo con las fechas
liberarme de tanta acumulación absurda
preparando una noche
que quepa en los bolsillos.

De la mano del viaje
mi idea fuera coserme al horizonte
por ser un Odiseo sosegado
burlando a las sirenas.

Poniendo así a la par,
digo,
la eternidad del vuelo
el viento
y la pira de los pájaros.

Tal vez así demuestre
que es triste el tener que deshacerse.

Pero no necesario.

domingo, 11 de febrero de 2007

sábado, 10 de febrero de 2007

Fruto.-

Escuchando a la nube hablar de agua
espesaba la tarde su vara de justicia,
enfermera notable, trataba vanamente
de curvarme de mares, retrepada en el frío.
Encontró en mi boca plena de lágrimas sin fondo,
la sed que vierto al cuenco que habita en el abrigo:
allí guardo estos días, por tenerlos a mano,
cadáveres en sombra templándome la cuera.
Con este material, y el amplio saco
habré de saber labrarme la hoz antes del corte,
y, tomando de barro, forjar de las costillas
loores a este bol.
Por hincar, redondo, en el vientre de la fiebre,
mi atónita bandera.
Vivir no sea otra cosa
que ir ladrando estas lunas de pan virgen,
lunas de lobo atado
al hambre,
por las que este lobo mío, del pan de entre los dientes
se mantenga.
Ea pues,
que va siendo la hora de llover con toda el alma,
teniendo ante los ojos desnuda ya la clave.
El fruto mío
será fruto que, en sazón, daré al árbol,
fruto bendito,
mordido por los pájaros…

martes, 6 de febrero de 2007

domingo, 4 de febrero de 2007

Cava en mí.-

Cava en mí una sed que a pozo abraza,
madre muerta.

El horizonte enseña
una ciega de manos
con aquellas heridas, graves lunas rotas,
grandes, blancas, de tu razón,
buen muertas...
Y está toda esta sed
de lluvia, de caricias
llanto y cuentos,
bailándome la silla.

¡Madre
tú no tuviste del beso de tus nietos.
Veinte años llevaras tú ya muerta
cuando ellos vinieron a la vida!


¿Y no vendrá, pues, pronto
la ciega a mí a buscarme?
¿Y va a ser larga, pues,
la furia de la luz?
¿Siempre este sol quemándome la espalda?

¡Ay! Es este dios, de helado gesto,
de perro nunca ahíto,
que clavándonos de una a otra cruz nos ladra
gozando en las heridas...

Sangre.-















Me sangran los bigotes retorcidos
las manos de la pipa, ese buen fuego,
los faldones olorosos de la abuela
la caricia que brindo al gato susceptible
y esto todo, moroso, voy notando
en el libro al que presto desempeño.
(Sobre el fogón nos guarde, el gato,
bien debidos los troncos a sus uñas)

Como medida, a fin de procurar ajuste,
he tenido que bordarme al arcón de la manteca,
(y desde que comí de aquella cáscara
sabed que no ha llovido).
Ignoro si estos resultan buenos síntomas,
o si la partida está por ir con nuestro enfermo.
Pero la muerte, que acerca los espejos,
y salta a comba el vaho
parece quiera, de momento, marrarnos con su pifia.
Así, que mano a mano más nos parecemos
seguiremos lloviendo por las dunas
y buscando de sangrar entre las hojas
heridas de balazo.

Eso, y correr del cazador,
como cualquier otro animal
que escriba.

Poema.-

















Que en días de suerte
la amplia sábana del aire
me brinde su rebozo.

Pues quiero retratar el blando laberinto
y bárbaras regiones
devengarán en vuelo.

Así esta fiebre,
gélido deseo, fría alpaca,
se me torne de lana entre los dedos.

Y que la magia del viento nos asista
en la leva de párpados.

Tal vez, pulido en rostro,
habré logrado el verso
redondo al que aferrarme.

Desde él, el día del sol, tal vez vislumbren,
-madero al malogrado-
aquel paraíso grande que perdimos,
y del que intermitentemente
somos parte.

domingo, 28 de enero de 2007

Canto.-

Yo soy aquel que labra en tierra no propicia
el que habla a las semillas que dieron en la piedra
y bendice en luz, para la paz, a los oscuros
el que dará su ánima a beber a los ahogados.
Soy ese médico que busca la paz para las ramas
cansadas de ceder su fresca a los extraños,
y me desvivo por abrir
con mi pequeño rejo, la amplia tierra,
asilando a los muertos,
y regando sus túmulos, con frecuencia sombríos,
con el agua cansada
de mi llanto.
A mi paz, en embozo,
reposen las miríadas de la bondad caída,
que encuentren, de mis labios,
la sombra en que vivieron tornada en luminaria
de versos en su abrazo.
Labremos,
y que esta luz que surja
demuestre que vivir en pérdida y justicia
no va a ser, no puede ser, jamás, en vano.
Porque de pie quedamos
hombres,
pechos de hierro para labrar palabras
y a bosque la amplia siembra, y para paz el beso…

viernes, 26 de enero de 2007

Fuga.-


Amada carne, espíritu inasido,
nunca la suerte me tocó la boca
como cuando tuve en ti
la vida de mi mano.

Mas, ¡ay!, no fue mío
el gozo;
cerrado quedó el paso
tras la selva infranqueable
de los días.

Cuando fui de nuevo a ti,
al allegarme,
los severos, los helados querubines del desdén
te habían puesto coto...

jueves, 18 de enero de 2007

He leído poesía a escondidas...

He leído poesía a escondidas, en un vertedero de hombres
para mantenerme en la condición humana

Escribí poemas en cuartos de baño
el unos papeles que robaba
para mantener mi condición de hombre

andando como loco
caminando por unas calles
a cada momento menos mías

y debo hoy la vida
a la fuerza de unos versos
las palabras para Julia
la Tormenta en el Mar de Galilea
el llanto de Propercio
a las voces que Adriano puso en Margarita

El poema es un arma cargada,
vuelta contra la bestia
y somos el futuro de las armas de Homero
y tal vez no seamos una gran cosa
pero es lo que hay
y, como no dijo nunca mi abuelita
de buena bestia
cualquier tiempo pasado
pudo haber sido
peor

El poema, que nos saca de la selva
de ser hombre
y nos lleva a los bárbaros silvanos
de paz o caos
en palabras de aire
cincelado o en bruto
son voz que pule
que nos presta siquiera un instante la armonía
atribuida falsamente a esa selva
de la que resulta cada vez más evidente
no vamos a ser capaces de salir nunca.

martes, 16 de enero de 2007

Ida 2.-

Caléndula de invierno
mi flor mordida.

Pasaste, dulce estío. Tras el verano
se volvió tu vista
densa noche.

Así que espero en hambre a que me envuelva
aquel frío.

Sostén bandera
mientras termino de beberme la nieve y el invierno.


Total, al fin y al cabo
morir de frío
habrá de seguir siendo estar con vida.

jueves, 11 de enero de 2007

Inocencia.-

Cándidos días de inocente juego
aparente rendición de cielo y pájaros.

La vara de los perros da cerco a mi vallado
combándome las varas que limitan del frío.

A plomo cae hoy el sol, sobre el helado patio
machacando los limbos, enturbiando la ciega.

Mi niño oscuro, ayer feliz, pende del tiempo
herido en la raiz, cortado lirio.

Sus ojillos han quedado por siempre malabiertos
bajo esa tirana sinrazón
que obliga a lo que es cierto.

Obligado a sentir, en su terror,
el eterno galope,
ese perpetuo avanzar de la tiniebla.

HORACIO, POÉTICA

“¿Y a quién no engaña el fogoso y pronto deseo de algo bueno, aun antes de empezar? Me afano en ser breve o tal vez me convenga ser oscuro; mas nervio y aliento me faltan cuando corro y, buscando lo sublime, acabo dando voces. Me arrastro en la tierra por prudente o me hundo en ella por miedo al temporal. Queriendo librarme de mi sencillez con un prodigio, me veo pintando un delfín en la arboleda y un jabalí rampante entre las olas. Debes saber que quien huye aprisa de un error, en vez de irse lento como el arte, da de bruces con vicios impensables. Sólo importa el todo: eso es antes que nada. Qué me importa esculpir uñas o cabellos o narices si no comprendo el cuerpo que los lleva. ¿Qué cosa o persona puede vivir esclava de sus partes más pequeñas? ¿Acaso tú, tras una vida aprendiendo, despiertas de mañana ansioso por lo bueno y pierdes el día, royéndote el apuro, sin un sólo pensamiento para el todo? Emprende, cuando escribas, algo digno de tus fuerzas y piensa largo tiempo la carga que echas en tus hombros. Si eliges el tema con que puedes -y tu aguante es tu valor- no te abandonarán las palabras de los dioses ni el orden claro de la vida. Dirás enseguida lo que enseguida ha de decirse, muchas cosas dejarás de momento, aquí te quedarás un rato y allí llegarás cuando precises, durante un instante disfrutarás de un sabor muy simple y durante otro observarás el universo. El don te ha sido dado cuando conozcas tus pasos sobre la faz de la tierra. En otro caso, no lamentes haber llegado antes que ninguno adonde no quisiste o adonde esperan tus viejos e implorantes conocidos, quienes lo peor de ti, como siempre, te mendigan. Si has reflexionado, ya sabes de qué fuente mana tu escritura. Sé como Sócrates valiente y ya verás que sin esfuerzo llegarán las palabras a tu tema. Si aprendiste dónde está tu patria, y a los amigos qué debes, cuál es el afecto para un padre, un hermano o un huésped, cuál para quien te enseña; si sabes qué exigir a un juez o a un senador, qué hace un general en la guerra y en qué corazón guarda un artista su fracaso; si sabes eso, entonces darás a tus personajes lo que debes y a ti mismo te darás un sitio para mirar el mundo y dar la espalda al daño. Mezcla lo placentero y lo útil, hurga en tus sentidos como en tu razón, ofrece cuanto tengas y no sólo tu dolor. Entonces tu libro atravesará los mares y prolongará en el tiempo tu fama de escritor. Y si a veces te equivocas, acaso poco importa, pues ni la cuerda suena siempre justa con la mano –y se vuelve aguda a un gesto grave- ni el arco alcanza a todo a lo que el arquero apunta. La poesía es como la pintura; una cautivará si te acercas, otra si te vas lejos; ésta goza en la penumbra, pero aquélla busca la luz de quien la juzga; ésta de aquí gustará una vez y aquella otra agradará cien veces. Ahora bien, apresa en tu memoria lo que se dice para ti: ni los dioses ni los hombres han concedido al poeta el ser mediocre. Del mismo modo que en una noche hermosa disuenan las vulgares melodías de una pobre orquesta, un perfume cargado o una torpe caricia, así las palabras nacidas para el alma, si no alcanzan altura, caen a lo más bajo. El que no es guerrero se abstiene de las armas en el Campo de Marte, y el que no conoce el disco no lo lanza a la hilaridad del público: ¿por qué ha de componer palabras quien cree que basta con decirlas, quien no conoce su filo ni la orza de sus mares? No, tú no harás nada que repugne a Minerva: ésa es tu razón. Si escribes algún día, haz como te he dicho y guárdalo en tu casa ocho años si es preciso: decidirás más tarde. Siempre puedes destruir lo que callaste, pero las palabras dichas nunca vuelven.”

Horacio, Poética.-