viernes, 26 de enero de 2007

Fuga.-


Amada carne, espíritu inasido,
nunca la suerte me tocó la boca
como cuando tuve en ti
la vida de mi mano.

Mas, ¡ay!, no fue mío
el gozo;
cerrado quedó el paso
tras la selva infranqueable
de los días.

Cuando fui de nuevo a ti,
al allegarme,
los severos, los helados querubines del desdén
te habían puesto coto...

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