sábado, 10 de febrero de 2007

Fruto.-

Escuchando a la nube hablar de agua
espesaba la tarde su vara de justicia,
enfermera notable, trataba vanamente
de curvarme de mares, retrepada en el frío.
Encontró en mi boca plena de lágrimas sin fondo,
la sed que vierto al cuenco que habita en el abrigo:
allí guardo estos días, por tenerlos a mano,
cadáveres en sombra templándome la cuera.
Con este material, y el amplio saco
habré de saber labrarme la hoz antes del corte,
y, tomando de barro, forjar de las costillas
loores a este bol.
Por hincar, redondo, en el vientre de la fiebre,
mi atónita bandera.
Vivir no sea otra cosa
que ir ladrando estas lunas de pan virgen,
lunas de lobo atado
al hambre,
por las que este lobo mío, del pan de entre los dientes
se mantenga.
Ea pues,
que va siendo la hora de llover con toda el alma,
teniendo ante los ojos desnuda ya la clave.
El fruto mío
será fruto que, en sazón, daré al árbol,
fruto bendito,
mordido por los pájaros…

2 comentarios:

mabel casas dijo...

federico

leo tus poemas
se siente como una calma en las miradas volcada en los poemas
desde un centro profundo del adentro...ante lo intenso del afuera y
la vida que va inexorablemente
pero sin perder ese creer en la fuerza de la cosas simples,ni ignorar lo cruel que espanta

me llevo este verso rondado

"que va siendo la hora de llover con toda el alma"
y sí,que uno va sabiendo cuál es el camino!!
me resultó un placer andar por tu senda en vuelo ...
incluyo tu link en mi blog si?
saludos
mabel

Federico Ruibal dijo...

Exacto. Te sigo el link. Un abrazo.

f.-