miércoles, 26 de diciembre de 2007

Volea al bajo vientre, el céfiro
vuela en su juego atroz, cercando límites.
Su vuelo me saluda,
hombre a la fuerza, delirio por soñar
inacabado crimen, todo grito.
Y vuelvo a recordar mi fiebre;
soñé tu mano en no
que el sol dorando el cabo me confirma.
Al agrio goce
las lágrimas añaden mi renuncia al sueño.
Sed a la sed,
la gota al agua,
agua que vierte en sed
a lluvia.
Es el mar.
Doblo el brusco silencio.
En la boca, el caos
se me deshace.
Acaba el juego,
el azar recoge;
como a naipes en la mesa
el albur
nos barre.

No hay comentarios: