miércoles, 2 de septiembre de 2009

Veo el agua.-

Veo el agua
en celaje de muros cosidos por mi lomo.

Adosada al valor
la muerte me hiende con su fúnebre cojín.

Filo al palo su bárbaro cuchillo.
Filo al palo la roca que se extingue.
Filo al palo el de ser aquella sombra
que crece lunas frías junto al párpado.

Ahora callen. No me digan
que nada de esto habían percibido.

Si estaba todo claro;
si estaban la barrica, el furgón de los helados,
los sacos de alquitrán, la piedra aquella
donde osáramos sentarnos tras la lluvia,
el patio de columnas, las revueltas...

Estaba todo claro,
condenadamente claro, -¡ay!-,
desde el principio.

3 comentarios:

L Hernández dijo...

Muy bueno, Fede.
Te sigo.

Federico Ruibal Vázquez de Parga dijo...

Horacio, Lillian, amigos, un abrazo gigante para los dos.

fede.-

Horacio Fioriello dijo...

Edito:Hola amigo, que gusto me da leerte,paso y vuelvo, Federico.
abrazo
Horacio