martes, 29 de diciembre de 2009

Pago.-

Tengo a la muerte tendida sobre el pecho
como un amor que fluye, lejano sueño
de lunas en sazón, redoble que se duerme.
Es un pasar por un jardín de flores muertas
que liban de la carne.

Avanza, la enemiga,
tendiéndome la senda de sus huesos,
de su luna letal, acerba, chata.
Quiere quitarme todo atisbo
del mar, de las rompientes,
del juego con la esposa,
la risa de mis niños.

He de apartarla. Ha de beber mi láudano,
por que goce yo, en el salto,
del momento de mundo que aún me queda.

Así, el abrazo adúltero sea el gaje.
Venga, vaya este besar helado
a su boca de hueso;
mis manos acaricien sin terror sus pechos de vacío
prolongándome el tiempo.

2 comentarios:

Horacio Fioriello dijo...

Maestro, tine usted el don de enmudecer a quien le escucha y de cegar de letras a quien le lee.
que el 2010 le traiga mucha tinta a derramar en letras!
Abrazo

Federico Ruibal Vázquez de Parga dijo...

Horacio, un abrazo gordo gordo y mi mejores deseos para el año que entra.

Fede.-