martes, 19 de febrero de 2008

Ella me dijo.-

La fiera luna, sola,
me gritó ayer de nuevo
–hermoso su volar de luz contra la cresta-
¡qué te hiciste!

En pie, de cara contra el cielo
exprimí en mi puño su lívido limón
por gozar así del ácido escurrir
contra los ojos.

La anciana loba, triste,
clavada, toda miel contra la sombra,
blanda del frío, rotura mi nevero.

Fue ayer, fue ayer, sí, fue ayer mismo
que gritara la luna equivocada
niño
el que a mi arrullo soñaras tantas cosas,
Federo,
¡qué te hiciste...!

De siempre ha estado escrito
en la luz mortecina de mi nombre
que nací para libar paz de las bocanas
árido cáliz que mi esparto recoja.

Así, la bestia en que me arrastro,
desnuda ya de piel,
os canta
por hacer de este crimen, del dolor
el bálsamo sencillo,
el pasatiempo inútil,
el bárbaro remedio.

Tomad, pues, comed,
bebed todos de él;
pues es vida a pedazos que ofrezco en alimento
y a cítara, a címbalos y trova
sea el convite.

Así, aún pasado el último minuto
sea la fiesta.

La blanca sed gritara
Federo, Federo, Federico
¡qué te hiciste!

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