domingo, 26 de septiembre de 2010

Es hora.-

Es hora de dar agua
al ronco velero que tengo entre mis panes,
santa alimaña de mi mano come;
nada pesan
golpes, furia, soledad,
heridas, mansedumbre:
aquel fuego en derrota
se me vuelve en el aire necesario,
para que así hoy la pluma me brinde de su trote
por el centro del papel
y es este quebrarse del mísero silencio
-con este narrar mío de bronco taciturno-
la sangre que hoy me empuja,
la bruma en la que entiendo,
el faro que me guía,
la nada en que me acojo,
lo único que importa.

2 comentarios:

Herzzeit dijo...

Hermosísimo poema, amigo. Me has hecho romper el silencio y leerlo en voz alta varias veces y cada verso era un nuevo placer desconocido. A veces estamos vivos.

Federico Ruibal Vázquez de Parga dijo...

Un abrazo, Herzzeit. Esperemos ester vivos
más veces.