martes, 2 de febrero de 2010

Al cabo.-

Hacia el profundo piélago remando
solitario Odiseo.

Al cabo la soledad mutó en hermana,
el llanto en mi cubil.

Es el frío solidario
azul brebaje.

Nada da luz a mi noche grande
la luna quedó atrás, último faro.

Esta tos que el pecho aloja
es voz que me acompaña.

apoyando el afán en terca espera:
alguien cabrá en la infinita costa.

Mas allá de las aguas de un mar deshabitado,
años en boga sobre el azul tonante.

Que de soñar con Ítaca, y con soles de mi abrazo,
mi pluma está muerta, el cielo ha encanecido...
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2 comentarios:

Horacio Fioriello dijo...

logrado poema, pero no peque de falsa modestia Maestro, su arco certero aun rescata soles de Penelope que espera y Circe que retiene.

Mis respetos

Federico Ruibal Vázquez de Parga dijo...

Me parece, caro Horacio, que, hoy por hoy, estoy un poco en el fondo del mar, al menos por el ritmo creativo. Brrr.

xd.

Un abrazo gordo.

f.-