lunes, 18 de mayo de 2009

Madre.-

Llueve a esta mesa sin beso tu madera
casi sin abrigo, casi sin lluvia
en la piedra del pecho, y con la afrenta
de saberte a viento, con dios, de noche acometida,
y bajo ese sol de escolta soportar tu ausencia
durante estos tantos, largos, blandos años.

Y que me ha ido bien, mamá, en la terca del hambre,
en la cava el huerto, en la comida,
en el runrún alegre del corro de los niños,
o en laca que blanquea las faltas de mi pelo.

Es el cuadro que pinto. Hoy, que llueve
agua de aquel verano vestido de asesino,
y salen broma, el lazo de la sangre, el coche, el saco
el barro, el perro que te quiso,
los burros de tu caldo, el hueso con cuchara.

Y estás tú, madre que lloro, que tanto me quisiste,
debajo del manzano, llamándome a los gritos.

8 comentarios:

Gata dijo...

precioso blog. Me encanta como escribes
Permiteme que te siga
Un abrazo

Federico Ruibal Vázquez de Parga dijo...

Claro!

Un bico.

f.-

Armario Roto dijo...

Muy bueno, Fede.
No te quepa la menor duda de que sigo tus versos.

Cariños.
LH

Federico Ruibal Vázquez de Parga dijo...

Un bico, Lillian. Aquí ando, despacito pero seguro.

fede.-

plataypoesía dijo...

He pasado mil veces por este poema, y siempre me duele. Hoy te lo digo.

Mi abrazo, fede

Federico Ruibal Vázquez de Parga dijo...

Rayu, la que me dio de beber...

Un abrazo gordo.

f.-

Olga Guadalupe dijo...

Este poema me parece enorme. Emocionante, doloroso y bello. Y muy vallejiano.

abrazo, O.

Federico Ruibal Vázquez de Parga dijo...

Vallejo es el padre del que no puedo/quiero librarme.

Abrazo gordo, Olga!

f.-