miércoles, 20 de octubre de 2010

Llamada.-

Campana del verano,
hoy me suenas
a incertidumbre,
a hora quebrada,
a sueño en desconcierto.


Antaño toque afín,
profundo bronce,
quisiste ser de avío, campana de la carne,
portada bien a mano en odre nuevo,
costal de barro
del que se fueron a caer, más tarde,
el pan, el beso, el son, la luz, el vino.


Quién se alegrara con tu toque, amiga, quién te escuche,
quien acudiera, en fiebre,
a tu convite,
en este día, cuando para mí ya se han vencido
los paños de tu misa,
hoy, cuando la tierra ya me pide
perdón en cada flor que atisbo,
hoy, cuando mi carne está por desplomarse
-será negro terrón contra la blanca nieve
y polvo sobre el polvo-.


Si tal, quisiera
que quede bien tapando
dando abrigo
por próxima campana
a tu semilla.